Contenido de la Primer Hoja Volante de la Nueva España.


 (Fragmento de la:)

HOJA VOLANTE. RELACIÓN DEL ESPANTA
ble terremoto que agora nuevamente
ha acontecido en las Indias en
una ciudad llamadas Guatema
la, es cosa de grande admi
ración, y de grande/
ejemplo para
que
todos nos enmendemos de nuestros
pecados y estemos apercibidos para
cuando Dios fuere servido
de nos llamar.

“Sábado, a diez de septiembre de mil quinientos y cuarenta y un años a dos horas de la noche, habiendo llovido jueves, y viernes no mucho ni mucho agua, el dicho sábado se aseguró como dicho es, y dos horas de la noche hubo gran tormenta de agua de lo alto del volcán que está encima de Guatemala y fue tan súbita que no hubo legar de remediar las muertes y daños que se recrecieron;

fue tanta la tormenta de la tierra, que trajo por delante del agua piedras y árboles, que los que lo vimos quedamos admirados, y entró por la casa del adelantado don Pedro de Alvarado, que haya gloria, y llevó todas las paredes y tejados como estaba más de un tiro de ballesta; y a la sazón estaba en la recámara un comendador, capellán del adelantado, y otro capellán de doña Beatriz de la Cueva, su mujer; y queriéndose acostar entro el golpe del agua, que aún no era venida la piedra, y levantólos en alto; y fue con tanto fuerza que estaba una ventanica pequeña abierta un estado del suelo y casi muertos los arrojó grande trecho en la plaza; y quiso Dios que como estaba la casa del obispo cerca fueron remediados aunque con gran trabajo; en la dicha casa no había hombre ninguno porque ya la tormenta las había echado muertos, y la desdicha de doña Beatriz que estaba con sus doncellas y dueñas, y como oyó el ruido y el torbellino, fuele dicho cómo el agua llegaba a la recámara donde dormía y levantose en camisa con una colcha, y llamó sus doncellas que se metiesen en una capilla que ella hacía, y ellas hiciéronlo así y ella se subió encima de un altar,  encomendándose con mucha devoción a Dios, y abrazóse con una imagen y con una hija del adelantado niña, y la gran tormenta que vino de piedra a dar derecho a la misma capilla, y del primer golpe cayó la pared, y todas las tomó debajo donde dieron las ánimas a sus criados; acaso doña Beatriz de Alvarado, hija del adelantado, y Juan de Alvarado, y doña Francisca, hija de Jorge de Alvarado, y otra su hermana menor, y Francisca de Molina, y otras doncellas que estaban fuera del aposento de la señora dona Beatriz fueron alborotadas y viniendo tomólas la tormenta en el camino con las paredes del huerto, y como las tomó el hilo del agua, como fue tan fuerte, llevólas más de cuatro tiros de ballesta fuera de la ciudad; fue Dios servido que como la tormenta se había derramado por toda la ciudad, fuera en el campo no llevaba tanta furia, tuvo la señora doña Leonor lugar de hacer pie en una yerbas y maderas, y habló un muchacho a la sazón de un ramanso cerca de allí y como conoció haber llegado allí, entendió por lo que le dijo ser hija del adelantado; y el muchacho fue tan comedido que a cuestas la sacó; parece ahora a los que lo vimos, según el muchacho era pequeño ser posible, porque la llevó a cuestas más de medio tiro de ballesta hasta una casa donde la dejó; y de las damas que salieron escaparon cuatro, porque unas entraban en las casas con el golpe del agua donde se salvaban otras con cordeles. Y de la casa de adelantado fue mucho el número de los indios e indias que murieron, y de las mujeres que murieron fueron; la señora doña Beatriz que fue enterrada como convenía, junto al altar mayor; asimismo faltó otra mujer que no apareció; la casa del dicho adelantado estaba en medio de la plaza en lo alto como dicen a la parte del sur de la dicha casa, toda la casa y toda la ciudad, que es las dos partes de ella; todas las casas o las más ellas fueron caídas y anegadas, acolmadas en tierra y arena, y algunas casas fueron llevadas gran trecho, y aunque parece imposible la muerte de los indios pasan de seiscientos; muchas casas quedaron sin herederos: muertos padres e hijos y mujeres muertos, sin quedar persona conocida; fueron demás de éstos Antón de Morales, escribano, que como vio la tormenta tan grande tomó a su mujer e hijos y echólos por una ventana y el tras ellos, fue Dios servido que la mujer se salvase. Aquí acaeció un misterio grande, que un niño de seis semanas y otro de cinco años, a cada uno llevó el hilo del agua, que fueron los mas chiquitos y no saben de qué manera fueron a parar gran trecho; y en la mañana los hallaron vivos, y el mayor de cinco años se halló en casa de Espirar en un corredor. Parece grande milagro haber por donde llegar; y estuvo hasta que amaneció; y acaso entró un español y lo halló, y con una cuerda lo subieron en casa de Juan Chávez, y acabado de subir el niño cayó toda la casa donde estaba”.

Fuente: Ruíz Castañeda, María del Carmen. “Periodismo colonial. Las hojas volantes” en
Cuadernos de la Hemeroteca Nacional, No. 1, México, enero-marzo, 1966.

Una de las hojas volantes más antiguas que se conocen y que ha servido como fuente de datos para varios historiadores es la Relación del terremoto de Guatemala, evento que ocurrió en noviembre de 1541, aunque el volante circuló en México hasta 1542.